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sábado, 24 de septiembre de 2011

Yo no soy, cuando lo pienso...



Por Armando Almánzar Botello


Yo no soy, cuando lo pienso, Macedonio Fernández.
No pretendo ser un Borges en el acto
abismal de la escritura.


Por mi torpe manera de alumbrar la inervación somática del texto/                                                                
el animal que se me escapa sigiloso
en cada placa radiográfica gruñida
en los polípticos destellos de mi rostro: 
                                                              yo no pienso
Macedonio Fernández,/ no soy Dios en el acto
de escritura.


Me desnudo con ser otro
que cita su Innombrable. Sombra y polvo-ceniza
de palabras.

¡Oh heredero de mi sangre aquí en la íntima distancia!
Aún estremecido por la lluvia sefirótica de letras misteriosas/
¿me recuerdas?...

Yo le ofrezco la herencia visceral a mi enemigo
– mi cadáver sonoro sangrante todavía –
a este amado hijo rebelde que me niega con afeites.

Él destila en la caída originaria de mi ausencia
la máscara impasible de su tinta: 
                                                   ¡grave letra oscura!
                     
                          Y ahora ¡grita!    ¡grita!    ¡grita!:

otro ardor fluido en secreta vulva-dios tántrico el rostro,/
cuando sopla tanto azul diverso inmemorial mas llora el mundo/
su indescrita oscuridad de hambre...

¿Qué dios arroja de su insomnio tinieblas a la página?




Diciembre de 2006
(Retocado en 2008)

© Armando Almánzar Botello

Francis Bacon vuelve. Slaughterhouse's Crucifixion.
Ediciones Ángeles de Fierro, San Francisco de Macorís, 2007. Página 62.

Santo Domingo, República Dominicana.

sábado, 18 de junio de 2011

Strip Tease. Prosa Tántrica y Dionisíaca



Por Armando Almánzar Botello



A Suleika

"Luz que huyes animal por los follajes húmedos del sueño." A.A.B.


Cierta noche absorta, rabiosa llamarada del insomnio cuesta abajo: las tetas y las ratas, las putas y los ritos, los dioses dementes de la sangre, tus nalgas refulgentes, tu ano anonadante, huracanes enjaulados en tu olvido fui buscando.

Alcohólica secreta aspiración a mi andrógino la cábala y las vísceras. ¡Oh la danza helicoidal de otro texto de mujer desnudando mi vacío con su embrujo escritural!

El dolor de al fin mirarme alejado de mi niebla en tus espejos –furioso desvarío de un sí mismo igual a otros que miraban mi pavor y eran yo mismo- escribió como un grito que hoy me digo el puñal de mi placer, afilado como un tigre a la sombra de una esfinge.

Placer que fue serpiente copulando con el ángel, ondulando por el centro de lo escrito su amenaza, enlazando con su lengua los extremos ya sin verla presurosa de sintaxis primigenia y tú lo sabes.

Vértigo de hembra, flor oscura y entreabierta, música infinita borrando el horizonte. Hundido mi deseo en las palabras abismales tritura los emblemas. Boca ciega por los bordes: la máquina mastica su mántrica de ángel.

Inútil como un órgano su niña enloquecida, caníbal desatada pide fuego y leche andrógina. Abierta y de cabeza, lamida en los rincones, gotea por el ojo liberada mi palabra: agua mercurial, martirio de metales.

Dios chupado por bacantes embriagadas y el delirio/ de la baba lubricando el esperanto de los cuerpos.

Neti, Dudu, yo, Suleika… manigua indescifrable, prosodias enlazadas. Tersos miembros tremolantes la música desnuda. Grito en negro luz de vulvas brillando en los espejos. Y de pronto, me detengo: Apolo está llorando… Desgarrada con el filo de una espuela su mirada, danza oscura la escritura enmarañada de la sangre.



© Armando Almánzar Botello

Escrito en Agosto de 1978.



Publicado en Cazador de agua y otros textos mutantes. Antología poética 1977-2002, Editora Gente. 2003. Páginas 65-66, Santo Domingo, República Dominicana

miércoles, 15 de junio de 2011

Planking. Teatro catatónico. Pseudo-ruptura del vínculo social


Por Armando Almánzar Botello.

Decía el gran pensador holandés Johan Huizinga, autor del famoso libro “Homo ludens” (tan elogiado por Ortega y Gasset) que el juego es más antiguo que la cultura, y que, en lugar de ser un efecto secundario de ella más bien la produce o la genera.

Huizinga partía, para la articulación de este juicio, de la observación de la actividad de juego ya existente en el animal no-humano.

Tanto en los animales que juegan como en los humanos, el juego, con sus diferentes registros de complejidad, va más allá de lo simplemente biológico y/o físico. Se propone escapar del ámbito utilitario característico de las lógicas del interés y la conservación,

En este registro específico de su pensamiento, Huizinga considera que el juego pretende “conferir un sentido” a las actividades vitales de los seres vivos, en particular a las del hombre.

Consideraba el pensador holandés que el juego, concebido desde el punto de vista “utilitario” o pragmático, puede implicar o perseguir una descarga de tensiones, una necesidad de imitación             
-presente tanto en los animales como en los humanos-, un deseo de rivalidad o competencia, etc.

No obstante, Huizinga pensaba que, más allá del interés funcional, regulador u homeostático que puede revestir el  juego, existe en éste una gratuidad constitutiva, un “interés en el desinterés” (la idea también es de Alain Badiou), que alcanza en la actividad lúdico-simbólica de los humanos su grado mayor de concreción.

Huizinga piensa entonces que el juego, esencialmente, escapa a la razón instrumental y a la lógica de los fines: es una actividad que se realiza porque sí. Como dice la canción de Serrat: “Sólo vale la pena vivir para vivir”.

Ello no implica negación absoluta del mundo del trabajo que nos humaniza, sino un abrirnos al intento de recuperar la dimensión transfigurada de  la “animalidad lúdica y sagrada” que desborda la concepción instrumental de la existencia implicada en la idea de vivir para trabajar. Por el contrario, debemos trabajar para vivir, y generar, asistidos por el supremo ludismo del arte, imprevistas y más complejas formas de belleza, de verdad y de justicia. ¡Juego supremo del hombre: la creación de valores nuevos!

Estás últimas categorías, aunque podamos conferirles un significado religioso trascendental, místico o cristiano si se quiere, permanecen como manifestaciones de un campo de inmanencia en el que lo       "(no)humano" y/o lo  "(in)humano", se manifiestan como creatividad permanente e invención perpetua de formas y sentidos.

En este contexto de ideas, ¿qué significado antropológico y psicoanalítico revestiría el fenómeno postmoderno conocido como “planking” (tenderse boca bajo en total o extravagante abandono, en lugares públicos y/o laborales, y fotografiarse con voluntad exhibicionista) en su condición de moda contagiosa presente en las grandes metrópolis del mundo post-industrial?

Pensamos que este fenómeno del planking, al igual que la práctica del “hikikomori” entendida como aislamiento y rechazo de las interacciones sociales reales para sumergirse exclusivamente en los mundos virtuales de las redes sociales, los videojuegos, los teléfonos móviles y la Internet en sentido general, manifiesta un doble carácter.

Participa el planking, aunque sea mínimamente, del espíritu creativo del juego a que alude Huizinga, pero expresa, simultáneamente, una cierta condición propia de la “fase nihilista pasiva” característica de las sociedades avanzadas, donde el imperialismo de la razón cognitivo*instrumental y calculadora -que niega y reprime las racionalidades ético*práctica y estética-, ha conducido a un retorno sintomático y hedonista de lo reprimido.

El “planking” es entonces una expresión de ruptura sintomática del vínculo social, una suerte de expresión “estético-espectacular”que corresponde a la crisis de las sociedades de solidaridad orgánica. Una modalidad banal de body art sin auténtica búsqueda de nuevos códigos semióticos de expresividad estético-corporal. Espontaneísmo a-crítico y no resistente. Intento fallido de hacer valer al cuerpo después que éste ha sido devaluado y obligado a redefinirse desde el campo de la virtualidad.

Como he afirmado en otros contextos, estos fenómenos para-psicóticos de ruptura de los vínculos sociales, corresponderían a “un cierto vaciamiento catastrófico” de las significaciones sociales, simbólicas, que dieron sentido a las sociedades de solidaridad orgánica. Con la diferencia de que en la práctica del planning, la ruptura se encuentra recuperada por un efecto de “pantalla total” al servicio de aquello que se cree combatir o burlar (Baudrillard).

En un mundo de actividad laboral febril e “interaccionismo y heterodireccionalidad” hipertrofiados como efecto de la incidencia de la Red sobre la subjetividad de los usuarios y el exceso de estímulos informativos (muchos de ellos banales), el síntoma del planking expresa un vacío existencial y un intento fallido de protesta, que no obstante debe ser “escuchado” e interpretado psicoanalíticamente como expresión de lo que Freud llamaba un “malestar en la cultura”.

Esta modalidad de malestar es contundentemente visible, hasta ahora, en las sociedades de Primer Mundo, pero es casi seguro que va a generalizarse, dada la naturaleza espectacular y global del sistema capitalista.

En su condición de “síntoma padecido”, el planking podría encontrar su vertiente transgresora de “sinthome” estético (síntoma transfigurado o sublimado por una intervención analítica o micropolítica: Lacan, Guattari, Zizek...), si somete su espontaneísmo a un proceso de vigilancia crítica.

Mi tesis es que el “planking” (tablaje o “planchado”), entendido como "revuelta" sintomática, vendría a contestar a los excesos del “planning” (planificación), actividad de programación y control que el inconsciente social de muchos sujetos codifica como algo que no resuelve nada esencial en el mundo postmoderno, porque de hecho no está al servicio real de los seres humanos sino a las órdenes de un sistema ciego de producción-mercancía-consumo; a favor de los intereses del mercado y del gran capital. Planking: síntoma catatónico de una Sociedad Espectacular Integrada (Guy Debord).

El “planking”, como actividad opuesta y complementaria al “planning”, vendría a expresar el dilema en el que se ven atrapadas las sociedades postindustriales: por un lado, culto fetichista a la mercancía y a la actividad productiva febril, y por el otro, protesta fallida que bordea lo sintomático y expresa un nihilismo pasivo, (principalmente de los sectores más jóvenes de esas sociedades), que no alcanza a definir ni articular nuevas formas de efectiva y transformadora intervención socio-política, ante la irrevocable crisis histórica de las formas tradicionales de la democracia representativa en grandes áreas del mundo globalizado.

Unos jóvenes protestan en las plazas públicas manifestando su inconformidad política al no sentirse representados por las actuales e injustas modalidades de intervención y manejo de lo público por parte de los aparatos de poder de los estados, y otros practican el “planning”: modalidad inocua de disidencia recuperable, y de hecho ya recuperada, por el círculo del mercado y sus leyes inclementes.

El planking es una suerte de pseudo-faquirismo ideológico espectacular que expresa una profunda necesidad, creada por el mismo sistema: exponerse, ofrecerse a la mirada del otro de modo sado-masoquista y exhibicionista-voyeurista, pero en un gesto negador de la actividad productiva y realmente creadora.

Planking: estado catatónico del cuerpo social que responde al cuerpo lleno y bulímico del capitalismo cibernético-financiero, espectacular y caníbal.

Santo Domingo, República Dominicana.

viernes, 24 de diciembre de 2010

POLACO Y LA QUINTA

 Carta abierta al escritor y amigo Efraim Castillo
  

Por Armando Almánzar Botello


"Hijo de sus acontecimientos y no de sus obras, 
porque la obra sólo se produce sobre el hilo
del acontecimiento". Gilles Deleuze

  
En verdad, apreciado amigo, he vivido cosas muy interesantes en "la seda de la senda" sencilla y no obstante misteriosa que me señala su intempestiva y simpática escritura epistolar, en la que me habla sobre la relación semiótica de recambio entre la música clásica de elite y los ritmos y melodías populares.

¿Podríamos, por otra parte, revitalizar ahora dicho género literario, la carta, el mismo que languidece en los tiempos virtuales de "la lettre volée" por culpa del hueco y presumido frenesí del mundo cibernético?

Muchas de las experiencias musicales a que me refiero, acontecidas en República Dominicana o en el extranjero, son relativamente recientes -por ejemplo, mi visita al mítico Club de Jazz Blue Note, en el Soho de Nueva York, a escuchar a Ravi Coltrane y a Jack DeJohnette, en programa especial-; otras no lo son tanto -como esas inolvidables "caídas" con mi gran amigo el poeta Antonio Fernández Spencer, en la terraza del son, en La Vieja Habana, de Villa Mella-, pero siempre las he vivido todas a plenitud, hasta la médula misma de su enigmática evidencia.

Sin jactancia le puedo decir, querido Comander, que he transitado minuciosamente por los arduos laberintos musicales de "Una" vida... Incluido el oscuro registro del dolor y sus pánicos acordes... ¡Pero en fin, esa es otra historia!

Una de las vivencias más relevantes de mi existencia, a la que puedo conferir el estatuto de genuino acontecimiento estético/antropológico -y hasta metafísico-, ocurrió hace muchos, muchos años en mi pueblo natal, Higüey.

Un intérprete musical muy conocido personaje de pueblo, simplemente llamado Polaco, quien además tenía la curiosa función diurna de subir y bajar la bandera dominicana en la Maternidad de la Avenida Libertad, en la ciudad higüeyana, dirigía, en la primera mitad de los años sesenta (justo después de la muerte de Trujillo), un Sexteto en el que nuestro hombre tocaba, siempre sudoroso y chispeante, ese mágico "guitarrón" que los adultos llaman contrabajo de cuerdas. Mis ojos de niño se extasiaban escuchando y viendo a Polaco interpretar un instrumento que siempre resultó más llamativo, para mí, que los violines, las violas y los violonchelos...

La agrupación musical de Polaco fue denominada por él: "Sexteto Musical Polaco y sus Colegas".

Mi padre, hombre de ideas marxistas y pensamiento mestizo, durante los pocos años que permanecimos en Higüey, invitaba en ocasiones a Polaco -hombre típico del sector popular y muy inteligente-, a escuchar música de los grandes maestros en nuestra consola tocadiscos Telefunken de tres bocinas. En el repertorio se encontraban, entre otros grandes músicos: Bach, Vivaldi, Haydn, Mozart, Schumann, Schubert, Debussy, Ravel, Stravinski (de este último no olvido, en particular, su Consagración de la Primavera, por la inquietante y vigorosa impresión que me producía desde niño la magnífica obra del ruso en versión dirigida por la batuta vanguardista del maestro Pierre Monteux, y por la carátula del disco, en la que se podía disfrutar una reproducción de La jungla, cuadro del gran pintor ingenuista francés Henri Rousseau).

Como resulta razonable suponer, en la selección musical de mi padre se encontraba el gran Beethoven -el de los Cuartetos, Sonatas y Sinfonías-, particularmente, el de la famosa Quinta Sinfonía, interpretada por varias orquestas de prestigio internacional.

Tanto le gustaba a Polaco la sinfonía de marras del gran genio alemán, que una tarde, en mi casa, después de escuchar varias veces el allegro del primer movimiento de la famosa composición, decidió hacer un "arreglo" de éste para su Sexteto popular. Al finalizar la audición, mi padre, sonriendo discretamente y muy conmovido, despidió a Polaco en la puerta de nuestra casa deseándole los mejores logros en su interesante proyecto musical...

Pasaron los días, las semanas y los meses, con la mágica y transparente fluencia del tiempo propia de la música secreta de la infancia... El colegio, el misterio y los libros de cuentos, los amigos y los juegos en los días de sol, los padres, los hermanos y la lluvia, los deberes escolares por las tardes, Polaco, pensativo, subiendo y bajando la Bandera Nacional en el viejo mástil situado frente al edificio de la Maternidad... la lluvia nuevamente, el vuelo de los pájaros, las noches pobladas de letras y fantasmas... ¡Y por fin, llegó el día!

El "gran estreno" de la obra Beethoven/Polaco -al que por cierto, no pudo asistir mi padre por impostergables compromisos familiares-, se produjo un Día de Reyes, en el llamado Barrio de Martha, una insigne meretriz retirada que había hecho fortuna con el discreto ejercicio de su antiguo oficio y que poseía, en las "afueras del pueblo", decenas de pequeñas "casas de cita", construidas con madera de clavó, y con sus pequeñas galerías graciosamente pintadas de rosado y verde.

Como asistente de las operaciones de Doña Martha se encontraba siempre su hijo mayor apodado "Paterra", un muchachote de unos veinte años que también manejaba un "tubo" (pequeña guagua o autobús público) que viajaba regularmente desde Higüey a Miches, Hato Mayor y otras comunidades aledañas.

Para esa época lejana, quien escribe apenas contaba con 7 u 8 años de edad, pero Paterra se hizo mi amigo incondicional por yo haberle prestado en una ocasión algunos "paquitos-historietas" de Superman, Chanoc y Tarzán de los Monos, personajes de "comics" que ambos admirábamos mucho. Paterra me avisó de la fiesta, que se iniciaba a las 6 de la tarde con el "esperado" arreglo musical de Polaco, y yo me escapé sigilosamente de mi hogar sin permiso de mis padres...

Llegado el momento "crucial" del estreno, después de las palabras de bienvenida de Doña Martha, Polaco -ahora lo digo, un pintoresco y ceremonioso personaje bigotudo, de origen cocolo, que bordeaba los cuarenta o cuarenta y cinco años de edad-, dijo de modo ritual y un tanto presumido: "¡Atención! ¡UN-DOS-TRES!", y comenzó a sonar la Quinta de Beethoven/Polaco.

Una extraña trompetita triste -que pretendía hacer de flaqueza virtud y carácter-, con su parodia del ¡¡para-pa-páaan!! beethoveniano, inició el delirio musical. Los invitados se miraban, llenos sus ojos de discreto escepticismo y profundo gozo contenido.

La trompeta fue acompañada, casi de inmediato, por un atildado acordeón que intentaba crear un fondo de misterio, mientras el brioso contrabajo de Polaco pretendía desempeñar el papel de eje armónico-rítmico. Acto seguido entraron el güiro, la tambora y el saxofón, intentando dar cuerpo a lo que para mis oídos infantiles sonó a pura barbarie, a misterioso ritmo sacrílego, a rito pagano y transgresivo de profunda iniciación.

Sin yo saberlo, me estaba introduciendo, de modo irrevocable, en un nuevo orden existencial y estético, en el que también ocuparían un lugar preponderante, no sólo los grandes clásicos y la música de Stravinski, sino el jazz, el merengue, la salsa y los congos; la bossa nova, la bachata y la música concreta; la poesía de José Lezama Lima, César Vallejo, Aimé Césaire, Haroldo y Augusto de Campos, Derek Walkott, Nicolás Guillén, Tomás Hernández Franco, Pedro Mir, Manuel del Cabral y Alexis Gómez Rosa; la narrativa de Hermann Hesse, Henry Miller, Roberto Arlt, Juan Carlos Onetti, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Juan Bosch, Jacques Roumain, Rafael Damirón, Marcio Veloz Maggiolo, Pedro Vergés, Junot Díaz, Gabriel García Márquez...

Aquello fue para mí de "puta madre". Una experiencia verdaderamente delirante esta fusión de la casi irreconocible melodía de Beethoven con el sudor de los músicos y el bullicio maravilloso del divino populacho fosforecente que atiborraba el pequeño local de Martha, ahora multicolor por efecto de las luces rojizas, verdes, azuladas y amarillas creadas por los diversos papeles de celofán que recubrían las bombillas. Todo era música, algarabía, sensualidad, ritmo que enlazaba el cuerpo y las estrellas, entrevisión de otro mundo posible: genuino sentir popular. Finalmente, como efecto del calor, la novedad de la experiencia y el impacto de la música sobre mis nervios infantiles, me desmayé.

Hubo que sacar "al pequeño hijo del Doctor Almánzar" a respirar aire fresco al patio de la casa. Al tomar las primeras bocanadas de benéfico y milagroso oxígeno, mis ojos se encontraron con la dulce mirada comprensiva y un poco atemorizada de una de mis primeras "noviecitas" de la infancia, la bella Damaris, hija de una señora muy noble y cristiana afectada por el bíblico Bacilo de Hansen -como lo fueron varios miembros de mi propia familia, entre ellos, Rafael Deligne Figueroa, hermano del poeta Gastón Fernando Deligne, y otros parientes más próximos-, mujer que a la sazón era vecina del hoy reconocido periodista Bienvenido Álvarez Vega (Bienve, de más edad que yo) y su inolvidable y cariñosa madre, Doña Lilina.

Damaris, al enterarse por Mongo, Danilo, Tutico, Macusa y otros amiguitos comunes, de que yo me había dirigido a la fiesta de Polaco y Martha, también se escapó de su casa, subrepticiamente, para seguirme con inocencia los pasos...

Muchos años después -y ya casado en segundas nupcias-, frente al "pelotón de fusilamiento" del jurado reunido en una fiesta familiar celebrada en el Tupinamba de San Juan de la Maguana, tuve el mítico placer de ganar un concurso de baile deslizando mis pasos al ritmo de una salsa que jugueteaba con las primeras notas de la Quinta Sinfonía de Beethoven. Seleccionados entre un conjunto de diez parejas, mi hermosa compañera y yo fuimos declarados ganadores, por unanimidad de votos...

Ahora, Comander, para cerrar esta breve crónica, una cita, a propósito de ciertos usos muy libres del concepto lacaniano de forclusion (Verwerfung, en alemán), rechazo, condenación, repudio, en español:

"Lo posible es lo que "cesa de escribirse": suspensión de la compulsión de repetición padecida, reescritura-curación del síntoma en su significación de síntoma-sufrido, para dar paso al sinthome sostenido como nudo borromeo y acto de creación.

El sínthoma, entonces, en su particular modalidad de invención, suple a la forclusión del Nombre-del-Padre, en un proceso que no-cesa-de escribirse..."
  




Armando Almánzar Botello
21 de Diciembre de 20010
Santo Domingo, República Dominicana

domingo, 22 de agosto de 2010

Salomé: Las violencias, los crímenes, las inhumanidades... (Apuntes en torno a la reactualización poética de una leyenda)

El anhelo de expulsar totalmente la violencia del territorio de los ordenamientos y procesos humanos; el deseo totalitario de fundar el reino absoluto de la paz libre de todo conflicto; el proyecto de establecer la armonía universal carente de contradicciones, constituye el principio de la peor violencia: la guerra preventiva contra el sujeto, por definición contradictorio y conflictivo, la lucha sinuosa y perversa contra la complejidad indomeñable de lo in(humano), contra el planeta y las poblaciones en su diversidad irreductible y problemática. Esta violencia preventiva opera, explícita o implícitamente, para garantizar la permanencia de un Orden injusto, el imperio de lo totalmente transparente y previsible. El banal e hipócrita integrismo pacifista termina siendo muchas veces el complemento perfecto de la Guerra Genocida que desata el Biopoder contra la inconmensurabilidad de lo múltiple.

   Gustave Moreau. Una de sus versiones de la leyenda de Salome. 

Por: Armando Almánzar Botello.


Walter Benjamin distinguía entre dos tipos de violencia: la violencia "mítica" del poder establecido, y la violencia "divina" de la emancipación.

La primera opera invocando a las leyes en nombre de un Orden (injusto) y de la estabilidad del Poder constituido. La segunda se produce apelando a la Justicia, que no necesariamente se encuentra representada por la legislación o la juridicidad vigentes.

Esta última modalidad de violencia, la que Benjamin denomina "divina", es un acontecimiento que surge en la soledad de la decisión ética, de cara a la vulnerabilidad del otro y de nosotros mismos. Ella es asumida con lúcida responsabilidad, sin perseguir garantías de ningún Dios ni efectuar cálculo alguno de beneficio y riesgo propios. Esta violencia de la Emancipación, como se puede comprobar, resulta muy diferente a la Violencia Estructural del Sistema, a la violencia propia del Mercado y de la Guerra Imperialista, genocida.

Alguien habló de una 'violencia textual', escritural, situada más allá del deslinde entre el bien y el mal, y que constituye un meta-crimen simbólico, de segundo grado, con respecto a la velada complementariedad de los dos términos del paradigma: paz/violencia.

Dicha escritura sería violenta porque revela la secreta alianza, innombrable, que opera entre la llamada "Virtud oficial" y el "Crimen quirúrgico" institucionalizado...

Hay Crímenes implícitos de la Paz (Franco Basaglia, Foucault, Derrida, Žižek, Butler ...), y Crímenes explícitos de la Guerra. Hay paz real, potencial, creadora y transmutante en cierto tipo de máquina de guerra (Deleuze), y una paz criminal apoyada en la guerra como simple contabilidad de la destrucción: militar, mercantil fiduciaria...

Deberíamos perseguir, entonces, lo que Emmanuel Levinas y Jacques Derrida han denominado una "economía de la violencia".

Como hemos dicho en otros contextos, ese concepto no se refiere, de ningún modo, a la forma perversa de reproducir el capital mediante la carrera armamentista y guerrerista y reactivar así la economía de los grandes consorcios plutocráticos ligados al Complejo Militar-Industrial-Financiero y Cibernético. No.

Ese concepto de 'economía de la violencia' alude, por el contrario, al hecho crucial de "economizar violencia", al decidirse por la menor cuota de ésta en el seno de las determinaciones efectuadas en el espacio social y sus conflictos ineludibles.

Tal como hemos indicado más arriba, existe, en la dimensión literal-litoral de lo simbólico, en la escritura como texto, una violencia virtual en línea de fuga que desnuda los conflictos entre la violencia de la "dispersión primigenia", entendida como "don pre-originario" (Ley Natural, según Rousseau, Ley anterior a la ley, según Derrida, y cuya visualización estratégica se hace necesaria en su virtualidad para que nos resulte posible criticar el dominio de la juridicidad establecida y evitar así su esencialización terrorista, pues existe también una dictadura de la Legislación), y la 'contra-violencia del Contrato Social' como clausura y "violencia administrada" por ese Poder constituido que se rige por el mito de la unidad-totalidad-verdad (Meschonnic).

Este poder constituido, además de administrar y gerenciar las múltiples violencias en el seno de las "totalidades parciales sistemáticas", tiende a la codificación absoluta y centralizada de los protocolos mundanos y micropolíticos del sujeto, y, eventualmente, a la abrogación perversa de toda juridicidad por mera conveniencia de elites y grupos de poder.

Así como existen dos crímenes 
 —crímenes de la paz y crímenes de la guerra, podríamos hablar, siguiendo a Lyotard, a Derrida y a Žižek, de dos inhumanidades actuantes: la inhumanidad convencional y asesina de los poderes fácticos, "pura línea fría de abolición y muerte" (Deleuze), y la inhumanidad "monstruosa" (a-normativa y no específica, aristotélicamente hablando), del Otro en su radical singularidad-extrañeza, amenazada y/o amanazante, pero bajo cuyo asedio, en su dimensión de Cosa Real freudo-lacaniana, debemos medir y fraguar toda decisión ética que se precie de ser tal.

Sólo así podríamos abrirnos, después de renunciar al placer bruto inmediato, a la búsqueda temperada del goce "en la escala invertida de la ley del deseo" (Lacan), y a su transmutación sublimatoria en Amor, entendido aquí como don simbólico en el acto de contribuir a la realización del ser del Otro. 


La leyenda bíblica de Salomé, hija de Herodías y sobrina-hijastra de Herodes Antipas, nos ofrece un testimonio de los recursos perversos utilizados por el poder para eliminar todo lo que puede resultar perturbador para su funcionamiento de vocación avasallante.

La maquinación para asesinar a Juan el Bautista, como resultado de la crítica de éste a una alianza conyugal 
la de Herodías y Herodes , considerada por el pueblo como violatoria de la Ley Divina, utiliza a la figura de la joven Salomé como instrumento dúctil y sutil de seducción al servicio de un dominio falocrático constituido.

Dicho papel de marioneta del poder conduce a Salomé a pedir como premio, finalizada su retorcida y famosa danza, la cabeza inocente del Santo servida en bandeja de plata.

La versión que presenta a Salomé como una mujer obsedida sexualmente por la barbada figura de San Juan, no es de procedencia bíblica sino que pertenece al registro de la literatura profana. Pero no por ello resulta menos interesante y reveladora.

Lo "recriminable" propio del sujeto masculino, para la Salomé postmoderna representativa de una cierta liberación mal entendida, estriba, "sencillamente", en que este hombre encarna para nuestra nueva bailarina 'nudista', el prototipo del Macho que, con la simple asunción de una cierta masculinidad falogocéntrica, hace sentir agredidos a ciertos feminismos neuróticos o no.

Lo anteriormente señalado desataría el riesgo de una brutal canibalización a lo interno del mismo grupo heterogéneo que ejerce también una cuota de violencia "femenina" contra el macho.

Esa violencia femenina, generada históricamente por la represión falocrática de la feminidad y por la marginación de que ha sido objeto la mujer, retorna entonces como passage a l' acte (paso al acto: Freud, Lacan) de naturaleza asesina. Con esta afirmación, insistimos, no dejamos de reconocer que la mayor dosis de violencia se produce contra la mujer y la ejerce el hombre.

Evidentemente, esta última interpretación de la leyenda de Salomé no es la versión oficial, no pertenece al registro de la hermenéutica bíblica canónica.

Aludimos aquí a una reactivación y reapropiación escritural de una leyenda con la subsiguiente descanonización de la misma. Estrategia de reutilización diseminante de una historia por el pathos ficcional postmoderno.

Prestigiosos usos libres de la leyenda de Salomé y Herodías los podemos encontrar en obras de Oscar Wilde y Stéphane Mallarmé, entre otros...

No hay que olvidar, en el terreno mítico (G. Róheim, G. Devereux), la eterna "deuda" del Macho ante la Hembra Caníbal, Mantis religiosa, Madre Devoradora, Vagina Dentata, Das Ding o Cosa siniestra freudiana, que se genera en el inconsciente social como resultado de la tradición "carno-falogocéntrica" (Derrida) y patriarcal, propia de las tradiciones machistas hegemónicas greco-latinas, abrahámicas y confucianas.

Esta violencia asumida por un cierto tipo de mujer postmoderna, podría interpretarse como un "retorno de lo reprimido" que no puede ser evitado totalmente con simples medidas administrativas, terapéutico-morales o policiales, pues corresponde a una compleja crisis histórica de género y de civilización producida por los mismos valores patriarcales del capitalismo clásico y por los presupuestos perversos del nuevo capitalismo andrógino.

La apertura de esta violencia reactiva a decursos menos destructivos implicaría un lento proceso 
histórico-político de reeducación y transformación, tanto para los hombres como para las mujeres, y la construcción de una mayor equidad en las cuotas de poder asignadas a los diferentes géneros. Ello comportaría profundos cambios en la multiplicidad de las prácticas y en las mentalidades.

Debemos preguntarnos —con la violencia machista como telón de fondo—, si el resentimiento social de algunas falsas feministas, (que se expresa muchas veces en violencia ciega seudo-mística y ritualizada, como agresividad esotérica contra el "macho"), es un simple reflejo de una venganza del "principio femenino" de dispersión, pervertido por el "suspenso mismo de masculinidad falocrática." (Deleuze, Badiou).


Esa tensión entre 'feminidad virtual del hombre', del varón 
—entendida como línea de fuga que implica un devenir-mujer del hombre, no sólo de la fémina—, y el "suspenso provisorio de masculinidad", que puede actuar también en la mujer, vendría a generar dos desenlaces diferentes: por un lado, la androginia post-moderna, metastásica (Baudrillard), en tanto que impulso libidinal homogeneizante típico del propio mercado en su voluntad de pseudo-diferenciar, y por el otro, la androginia metamórfica de un "femenino neutro", como instancia que posibilita un "erotismo coreográfico", transbinario, diferencial, que escapa a la oposición simple masculino/femenino (con dominante del primer término), y rompe     manteniendo el valor ontológico y político-estratégico de las categorías de "conflicto" y "secreto" transnarcisista, con la circularidad del metarrelato económico capitalista como pretendido Discurso del Amo (Lacan), y con las estructuras tradicionales de la familia patriarcal en crisis.... 

Son posibles innumerables aproximaciones a este problema polifónico...

Si aludimos a una dimensión micropolítica de la violencia (Guattari), no nos referimos exclusivamente a la "violencia espectacular" que el propio sistema presenta mediáticamente y a la que opone su blando pacifismo y/o su "humanitería" filantrópica tipo Bill Gates, sino a la violencia sistémica o estructural inmanente al capitalismo actual         (Žižek) y que se descubre de forma insospechada en aquello que Foucault denominaba la "microfísica del Poder", la capilaridad de las estructuras de dominio en cuya trama se ve atrapado el sujeto...

Frente a esa "violencia 'mítica' del Poder" (Walter Benjamin), se levanta una 'violencia divina', textual, poética, parsimoniosa, "femenina", filigraneada (Barthes), que denuncia la soterrada complicidad entre la virtud y el crimen convencionales.

No clamamos activamente, aquí y ahora, por un simple abocamiento de los sujetos y de los grupos-sujeto (Deleuze-Guattari) a la violencia bruta y a los actos de pura barbarie, sino a la revelación en el discurso de la Pulsión de Muerte, esa instancia constituyente de la subjetividad humana a la que es preciso dar "voz granulada y sin azogue" en el texto poético, para que, dramatizándola en la escritura, podamos transmutarla en potencia de metamorfosis y conocimiento.

Afirmábamos en otro trabajo de nuestra autoría que en su crítica al monologismo del poder y a los nuevos discursos del amo, Julia Kristeva nos recuerda lúcidamente que "hacer pasar la pulsión de muerte al discurso", es la más sólida barrera simbólica contra el retorno de los fascismos. Tanto machistas como feministas...

Es preciso practicar una escritura orientada estratégicamente a descubrir y denunciar los atajos, las coartadas y la sutil capilaridad del Poder Falocrático y andrógino-homogeneizante, en el contexto de la sociedad post-industrial capitalista. En esta postmodernidad, como hemos dicho, el Discurso del Amo lo pretende encarnar el Mercado Andrógino. 

Vivimos un supuesto descentramiento liberador, pero seguido de re-territorializaciones brutales de los flujos de deseo, para reconducirlos, bajo el control de atractores velados actuando en la sombra, a la creación de simples territorialidades perversas del artificio y el plagio, subordinadas a la axiomática capitalista. (G. Deleuze, F. Guattari, J.M. Ripalda).

De un cierto modo se orientará la lucha política frágilmente             

—pero en esa fragilidad encontraremos una fuerza a la medida de
lo (im)posible—, contra la real efectuación denegada de la barbarie que representan la mercurial Guerra Preventiva, el bombardeo a los pueblos de Irak, Afganistán, Libia, la destrucción del aparato productivo de los pequeños países para someterlos a la Axiomática Globalizante, la agresión brutal al Medio Ambiente ejercida por las corporaciones transnacionales cuyo régimen de explotación de los recursos resulta no sustentable, el acoso sistemático a los sujetos en su singularidad micropolítica...

¡Clamamos ahora, los poetas, en nuestro devenir-mujer y en nombre de Karl Marx y Antonin Artaud, por un nuevo Teatro Plural y Postmoderno de la Crueldad Politizada y Revolucionaria!





© Armando Almánzar Botello
19 de agosto de 2010
Santo Domingo, República Dominicana

 

miércoles, 12 de mayo de 2010

La caída de Armando Almánzar Botello



Por Efraim Castillo

CADA REUNIÓN  CON Armando Almánzar Botello se convierte en una ascensión hacia el límite de los razonamientos, hacia esa zona en donde se corre el peligro de atascarse en el desagüe donde se quiebra la episteme, o si se tiene menudo para devolver, introducirse con cuidado, ¡con mucho cuidado!, en el tabernáculo donde se sientan a intercambiar genialidades los pensadores, artistas y relatores del libro-mundo, el gran archivo de la sabiduría, que es donde se registran los grandes saltos de la historia.

Armando Almánzar Botello.

En ese altar a donde hay que ascender para blandir un tú-a-túcon Armando, pueden representarse los más atrevidos diálogos con Lacan, Levi-Strauss, Baudrillard, Bloch, Adorno, Deleuze, Barthes, Guattari, Nietzsche, Heidegger, Benjamin, Mauss, Erasmo de Rotterdam y otros, por uno de los lados, y Bacon, Da Vinci, Picasso, De Kooning, Bense, Pollock, Siqueiros y Magritte, por otro; mientras en el background acechan Kafka, Shakespeare, Tolstoi, Cortázar, Sartre y el inefable Borges, para acentuar las contradicciones y sospechas de que los pasados griego y romano están a punto de expirar, tras una prescripción de ultramodernismo a ultranza.
Pero lo crucial en la representación de la escena donde Armando establece el pattern, la configuración del diálogo, es cuando él extrae de su numen una relación fragmentaria de aforismos y, con la maestría de un inquisidor consuetudinario, lanza sin protocolos y sin prisa, sus metáforas abisales, esos tropos ahítos de significaciones que siempre exploran los confines del pensamiento humano y las representaciones en donde han dado saltos… con tropiezos y caídas.
Asimismo, en las reuniones con Armando oscila algo peligroso, y es cuando éstas se convierten en una no-reunión, en una desambiguación donde lo polisémico se controla a través de lo vital, de la esencia que fluye desde la misma organicidad contextual a que el filósofo somete sus angustias, como cuando en la pasada Semana Santa sufrió una caída que convirtió, ipso facto, en sustancia apta para reivindicar la poética:
“La magulladura proteiforme que se me presenta como efecto de la caída que sufrí en mi casa la pasada Semana Santa, se ha tornado en mi muslo izquierdo de un color morado-sanguinolento y se extiende sigilosamente hacia la región del pubis”.
 Así, como un pretexto para explayarse hacia las interrogantes que han motivado su propio discurso, Almánzar Botello sigue —como Ernst Bloch— las huellas que estructuran su auto-narración, sus alegatos históricos, inverosímiles, sarcásticos, pluridimensionales y aleatorios, para ensamblar una poética configuradora de sí mismo:
“Aparece, ahora, sorpresivamente, una maravillosa y surrealista confección carnal o novísimo diseño plástico en el pubis. Mi cuerpo intensivo palpita en proceso... Junto con los trazos de improviso polícromos en el dolorido muslo contuso, estos cambiantes diagramas abstractos ofrecerían, a la minuciosa inspección estética de un Max Bense, el coeficiente de tensión angular que implacable sugiere, al ojo sensible del artista, por supuesto, el esplendor de los cuadros siempre actuales de Arshile Gorky, Jackson Pollock y Willem de Kooning”.
Que alguien me diga, o me grite, o me corrija, si no resulta una verdadera proeza el convertir una singularidad fenomenológica, surgida ésta desde el aposento de la propia zozobra, en un texto que abate, desintegra y pervierte el dolor, convirtiéndolo en pasión e historia!
“En este interesante caso del accidente, resbalón o caída desde mis propios pies, la tela viva, palpitante, dolorida, es mi piel en convulsión estético-traumática. Mi propio esqueleto estremecido sería el caballete y el marco oparergon. El artista podría ser Dios, mi Mujer, el Agua derramada en el piso, el Golpe, o el Azar. ¿O quizá yo mismo, por distraído, pero me da vergüenza  reconocerlo? No obstante, se requiere de una voluntad formal que oriente y seleccione los acontecimientos...”
Lo verosímil de La caída de Armando —y la probabilidad de su conversión en un punctum donde aflore el aura estremecida de Benjamín—, se basa en lo abisal, en el estremecimiento que despeja la sospecha del alarde, del sarcasmo, convirtiendo el texto en una estética donde lo imaginario del dolor se convierte en rito.

Abril, 2010.


domingo, 2 de mayo de 2010

Leyendo con Lacan el día de playa


Leyendo con Lacan el día de playa



Un breve epígrafe para oscurecer los labios: “Del Uno-en-menos el lecho está hecho para la intrusión que avanza desde la extrusión: es el significante mismo”... “El Barroco es la regulación del alma por la escopia corporal”. Jacques Lacan (1901-1981), psicoanalista y filósofo francés de tendencia neo-barroca.


Por Armando Almánzar Botello



El ritmo a contratiempo, su travelling de avance precisa los contornos. Tu mundo es una imagen suspendida en aire neutro. En lúcida mirada, tu cámara girando vertical sobre los cuerpos.

De cíclope curioso el ojo abstracto pervertido, alumbra en un close-up materia eterna inmarcesible: pezones, aureolas, luz de nalgas presentidas, texturas granuladas, limpios pelos y señales.

En negro el viento gruñe sus navajas de inclemencia, blandiendo mi deseo la escritura enamorada. El esquizo que tú dices da señales en abismo, palpándote los soplos en el tiempo del origen. A los muertos que me habitan les doy vela en ese entierro.

Alguien es donde no piensa: fluencia de sujeto que antecede a lo consciente. Luz no vista revertida bañando integumentos: la Cosa y la Mirada en el pre-ojo confundidas.

La estatua se levanta. El mar latido al fondo. Adentro con su afuera. Por tímpano vibrándote la Banda de Moebius, Lacan dice la letra. Al Otro desde un goce retornando por la huella le inscribe al fin su corte...

Deslinde aquí en arena: la cámara en su avance roto el plano en su detalle. Un pliegue sin sentido, cifrado en mi pre-lengua, leída con la punta buril que la despierta, en línea interferida borro el cuerpo imaginado. Un aire oscurecido en el fragmento es el poema...

Bañistas de la luz. Arde un seno. La naranja. Arriba, alto, arriba: la luz descubre nadie. Cámara que mira un alto sol cegada en sangre. El ojo. La naranja. Latido mar adentro. Fundido encadenado de labios palpitando. Los pelos. El contorno. La boca oficia el rito. La lengua tiembla en negro y brota el agua del martirio.

La tinta oscura, oscura. Naranja suspendida que alumbra ya las manos: ¡Oh el eco fantasmático de espuma sobre arena!...

Los pelos y “lalengua”. La luz naranja arriba. Arriba, alto, arriba. Un travelling de ausencia difumina los contornos. La lengua por la sombra, la lumbre por la sangre: le brota el agua-letra en el espejo del olvido...

Tu mundo es una imagen. El mar la luz la voz. El ojo. La naranja. El sol que ya retorna descuartiza la mirada. El libro, el mar, la noche. Perdido encadenado. La tinta oscura oscura. Fundido en negro y sangre....

¡Que otra voz limpie los nombres, arda el texto lentamente! La mujer desde su olvido dice música despierta... Perdido y recobrado, cierro el libro y oigo el alba...






© Armando Almánzar Botello





Escrito en Junio de 1999

Tomado del libro Cazador de agua y otros textos mutantes. (Antología poética personal 1977-2002). Editora Gente 2003.
Santo Domingo, R.D.

lunes, 12 de abril de 2010

CORPORALIDAD MUTANTE Confecciones del cuerpo en el arte contemporáneo (Fragmento)


                                           


Por Armando Almánzar Botello

Tal como nos han revelado las investigaciones antropológicas, psicoanalíticas y lingüísticas, el ser humano se define y sitúa en relación con el mundo a través del Orden Simbólico.

Este orden significante, en gran medida constituido por el lenguaje articulado, contamina y labra la relación del hombre con lo real.

En ese sentido, se podría decir que todo cuerpo propio es desde siempre cuerpo impropio, por cuanto la artificialización es un efecto de la alteración y tamizado de la continuidad inconmensurable de lo real por los “espectros discontinuos” (Lévi-Strauss, Derrida, Wajsman), del registro simbólico de la cultura.

Prolongando esta vertiente de nuestra argumentación podríamos aseverar también que todo cuerpo (im)propio es cuerpo protésico, pues el lenguaje como órgano artificial/natural (Lacan), las llamadas técnicas del cuerpo (Mauss), y el biopoder (Foucault), es decir, el conjunto de los dispositivos de artificialización semióticos, técnicos y tecnológicos a disposición del ser humano, tal como se presentan en formas estratificadas de poder en un momento histórico específico, contribuyen radicalmente a definir las modalidades de “propiocepción” del cuerpo vivido, y a perfilar lo que en cierto discurso fenomenológico se ha denominado subjetividad/carnalidad intercorporal.

Existe pues, una inter-retro-acción compleja, en bucle (Morin), entre corporalidad visceral y excrementicia, cuerpo libidinal psicoanalítico, cuerpo sin órganos artaudiano y cuerpo metafórico del espacio público y social.

Es preciso aclarar que el poeta, actor, dramaturgo y pensador Antonin Artaud, y siguiendo los planteamientos del Momo, su coterráneo el filósofo Gilles Deleuze, entienden el cuerpo sin órganos no como una simple ausencia de estos atributos orgánicos, sino como producción de un cuerpo metamórfico, proliferante. Este cuerpo sin órganos, a diferencia del organismo como “silencio de los órganos” determinados, se define por la presencia actuante de órganos indeterminados, temporales y provisorios que se manifiestan en un juego metamórfico de intensidades que no debe ser confundido con la mera corporalidad anatomo-fisiológica y sus procesos de homeostasis y supervivencia.   

La crisis del modelo corporal/urbanístico armónico y clásico –modelo que pretendía mantener ligados de forma solidaria, en aparente integridad funcional, el cuerpo propio del sujeto, determinado como organismo armónico y apolíneo, y el cuerpo de la ciudad entendida como cuerpo público y metafórico, presunto recinto de racionalidad y pureza-, posibilitó, con el advenimiento de la modernidad, la manifestación de una serie de fracturas, heridas simbólicas y atolladeros urbanos, que van a ser concebidos por el pensamiento semiótico, psicoanalítico, sociológico, antropológico, psico-geográfico situacionista , fenomenológico y post-fenomenológico,  como síntomas a seleccionar, interpretar y analizar.  

La quiebra del proceso biológico-cultural de “protracción”, entendido como antropogénesis de la cara y producción histórica permanente de facialidad o rostridad humanas, alcanza en el arte moderno su más significativa  expresión esquizo-estética en los retratos realizados por  Pablo Picasso, Alberto Giacometti, Francis Bacon, Andy Warhol, entre otros. En ellos se expresa la ruptura moderna entre la corporalidad estallada, devenida carne gozosa y/o sufriente, y el amueblaje de representaciones, emblemas y símbolos de status que servía de marco asegurador a la individualidad burguesa.

Después de la contra-cultura, ¿acaso estamos en el alba de una cultura, de un arte contra-natura?”, se pregunta en su ensayo Un arte despiadado, Paul Virilio, el filósofo y urbanista galo, crítico y estudioso de las nuevas tecnologías, informáticas,  bio-telemáticas, quirúrgico-virtuales y genético-transgénicas que permiten en fecha reciente modalidades de expresión artística completamente insospechadas.

En la mencionada obra, el filósofo francés arroja un estremecedor balance de la situación de las artes en el contexto de la post-modernidad, y resalta lo que él considera una sobre-exposición histérica, para-psicótica o meramente espectacular del horror y la violencia, que, bajo la apariencia de una cierta crítica a ”lo dado”, promueve de hecho un imaginario ligado a la mutilación indiscriminada de los cuerpos para satisfacer en bruto las pulsiones sado-masoquistas y canibalísticas del espectador, convertido en “mirón” de de la negatividad banalizada.

Para Virilio, teórico y crítico del cibermundo y de la dromología (teoría de la velocidad), lo anteriormente expuesto genera un crecimiento exponencial de la violencia simbólica y real del sistema, entendida como violencia sistémica, como línea fría de simple destrucción y muerte y en la cual, la capacidad mutante y creadora de la desterritorialización estética genuina se ha perdido.

La violencia convencional programada no participa de la “furia parsimoniosa” que caracteriza a la textualidad transgresiva, liberadora y abierta al carácter imprevisto y singular del acontecimiento.

Aquella consabida violencia sistémica, complementaria del proyecto general de “pacificación” y guerra preventiva contra la diferencia, apunta a neutralizar, interesada y perversamente, los conflictos y tensiones necesarios entre lo simbólico, lo imaginario y lo real, con miras a reforzar la pasividad reactiva en los sujetos (existe una pasividad activa positiva cuyo valor táctico y estratégico aflora en ciertas ocasiones) y la desmovilización del espectador como sujeto político de la red espectacular de los poderes.

De modo similar o colindante con estas ideas de Virilio, han articulado la estrategia de sus respectivos discursos algunos pensadores del llamado porvenir de la nueva revuelta, tales como Julia Kristeva, Jaques Derrida, Michel Foucault, Guy Debord, Martha López Gil, Rosi Braidotti, Ernesto Laclau, Jean Baudrillard, Néstor García Canclini, Mark Dery, Donna Haraway, Iris M. Zavala, Edgar Morin, Gianni Vattimo, Slavoj Zizek, entre otros. En la heterogeneidad de sus enfoques, estos escritores marcan nuevas posibilidades de reflexión sobre la post-modernidad y la planetarización.

Sin restar valor alguno a las advertencias de Virilio, pero sin compartir una cierta neo-tecnofobia que en ocasiones impregna a su discurso -quizá por razones estratégicas y preventivas, consideramos que resulta necesario esclarecer críticamente, caso por caso, si una determinada manifestación artista es realmente una exploración del sentido y de la extraña  problematicidad de lo real inaudito, o es mero fetichismo de los medios técnicos y simple “academicismo del horror” situado en el registro de lo intrascendente.

El objeto estético presentado como simple casting de la angustia, despoja a ésta de sus poderes de revelación transmutantes, programando la violencia bruta y legitimándola frente al arrebato creador de la furia de una escritura concebida como exceso textual que transforma la economía micropolítica de la subjetividad, sin dejarse atrapar por el guión del mundo ni por “el hacha del juicio normativo”.

La pura violencia espectacular post-moderna, enrejada en su aviesa estrategia de “comerse al otro”, corresponde a lo que Lacan denomina “floculación difusa del odio” en el Discurso Capitalista del Nuevo Amo: el Mercado “policéntrico”, competitivo y segmentado.

En este sentido, el filósofo Jacques Derrida nos habla de un carno-falogocentrismo, para expresar la unión indisoluble que se produce en el contexto de la tradición metafísica occidental entre canibalismo –real o simbólico- y el centralismo violento del falo, el logos y la oralidad, todo ello en detrimento de la escritura, el arte, la mujer y el espaciamiento dialógico.

Inversamente a la detección de la banalidad en la violencia seudo-artística convencional, se torna cada vez más urgente determinar cuándo estamos en presencia de un auténtico arte trágico de la crueldad -en el sentido artaudiano de esta expresión-, de un arte abisal y dionisíaco que, estratégicamente y por exceso de fuerza y humor, explora significativamente la dimensión de lo sublime y/o de lo siniestro, situada más allá de la belleza entendida como simple velo del horror.

Como dice Lacan: producir y descubrir objetos artísticos a la medida de una est/ética rota cónsona con la urgencia del acto ético/creador puro.

Aquel arte quizá nos revele, atravesándola con sus luces y sombras, con su juego trágico-humorístico de vuelos y caídas, la trama ideológico-libidinal que subtiende a las modalidades y “dispositivos de semiotización colectiva” (Guattari), operantes en el cuerpo estético-político de la post-modernidad.

Ese arte de resistencia a que aludimos se debate con los nuevos materiales, temáticas, técnicas y novísimas tecnologías, en su afán de crear nuevos códigos y lenguajes, nuevas posibilidades semióticas situadas más allá de los usos y decursos cognitivo-instrumentales y pragmáticos asignados a las tecnologías por el mercado.

De qué modo y hasta qué punto las llamadas  estéticas de ultravanguardia  -representadas actualmente por la escritura hipertextual e hipermedia, el arte tanatofílico y transgénico de un Eduardo Kac, los “visionarios” de la realidad virtual, las experimentaciones biotelemáticas de interfaz hombre/máquina y las estéticas protésicas, carnales y de body art al estilo de Stelarc, Antúnez y Orlan, entre otras manifestaciones extremas- son meras genuflexiones ante los poderes más duros y simples consagraciones del Gestell tecnológico?

Heidegger concibe el Gestell  como estructura de emplazamiento, imposición o dominio propia de una hipertrofia de la racionalidad predicativa y cognitivo-instrumental,  previa al centelleo del Ereignis como Acontecimiento o Trans-apropiación liberadora.

Debemos tener presente que los fetichismos del objeto técnico que no alcanzan la articulación polivalente propia de las constelaciones semióticas de relevancia en el plano artístico transformativo, se constituyen en simples dispositivos de neutralización funcional del deseo para mantenerlo encerrado en los consabidos límites de una axiomática  del capita tecno-científico, que exige la producción de ideologemas seudo-innovadores y seudo-estéticos para ocultar y/o legitimar ante los sujetos serializados la magnitud monstruosa de las depredaciones y canibalismos del cuerpo lleno, bulímico, voraz y realmente monstruoso del Capital Financiero.

Armando Almánzar Botello
Santo Domingo R.D.
Febrero de 2005

miércoles, 27 de enero de 2010

Machista Gramática Española

¿Machista Gramática Española?

Cum grano salis


Consideraciones intempestivas


Por Armando Almánzar Botello


He recibido recientemente, gracias a los correos electrónicos de algunos amigos poetas y académicos, unos interesantes datos acerca de la Nueva Gramática de la Lengua Española en dos volúmenes, obra editada por la Real Academia Española y la Asociación de Academias Americanas de la Lengua (Espasa-Calpe 2009).

Según nos dice la información obtenida, este importante documento es la primera gramática académica publicada en nuestra lengua desde 1931, y ofrece los resultados de once años de investigaciones y análisis de las veintidós Academias de la Lengua en el mundo hispanohablante.

No lo he adquirido todavía, pero desde ya observo, en separatas de dicho documento ofrecidas por diferentes medios, que "unas van de cal y otras de arena".

Por ejemplo, puedo comentar que no estoy de acuerdo con la definición de Género que figura en el nuevo diccionario normativo. Su carácter evidentemente restringido es el que crea el quid pro quo que parece podemos observar en el texto en cuestión.

Sin que "pequemos" de feministas debemos resaltar que aquella definición de "Género" se limita sin dudas al aspecto meramente gramatical de dicho término, pues obvia la dimensión antropológica, política, sociológica y psicoanalítica de ese concepto (Gender) en el campo de los actuales Estudios Culturales, postestructuralistas y neo-marxistas.

Si entendemos por Género los atributos asignados cultural e históricamente a la diferencia sexual entre hombres y mujeres, podemos hablar de "violencia de género" para aludir a los conflictos y a la modalidad de violencia que resultan de la adjudicación "arbitraria" de roles y cuotas diferenciadas de poder a los sujetos de sexo diferente.

!Esto es algo distinto del simple género gramatical como propiedad lingüística, aunque guarde una cierta relación con esa arista del problema!

Del mismo modo podríamos hablar de violencia racial, violencia ideológica, violencia verbal, violencia sistémica, (Slavoj Žižek), etc. Evidentemente, la violencia aquí no la ejercen la raza, ni la ideología, ni el discurso verbal, ni el sistema abstractamente considerado, sino los sujetos concretos en sus diferentes prácticas.

Al considerar gramaticalmente inadecuada la categoría de "violencia de género", los autores del nuevo diccionario proponen la utilización de sintagmas tales como "violencia doméstica" (restringida, como es evidente, al ámbito privado del domus) o "violencia sexual" (con toda su ambigüedad, en este caso estratégicamente inadecuada) para sustituir a la primera categoría que menciono -sin dudas problematizable críticamente desde una perspectiva filosófica, antropológica y psicoanalítica, pero no por ello menos válida en la relativa coherencia de su particular registro teórico.

En este contexto, la propuesta de la Academia me parece que implica un reduccionismo epistemológico y una "despolitización familiarista" de la categoría de Género (Gender).

Por otra parte, este posicionamiento conceptual contribuye a una mera confusión entre diferencias sexuales (bio-psicológicas y construidas por el significante, inscritas en la llamada Tabla psicoanalítica de la sexuación: Jacques Lacan) y Género (diferencias más amplias de roles y valencias de dominio entre los sexos, construidas por el cambiante contexto simbólico, histórico-cultural).

La relación que podemos observar entre Physis y Techne, por ejemplo, no es similar a la que existe entre Naturaleza y Cultura. Entre Physis y techne existió en la cultura griega una relación de co-apropiación que no se da en la oposición occidental más tardía naturaleza/cultura.

El gran poeta latino Lucrecio, siguiendo en esto a una cierta vertiente de la tradición griega (que por cierto no es la de un Diógenes de Sínope), decía que la naturaleza se artificializa a sí misma, participa de una "técnica generalizada", y que el grado máximo de artificialización a que llega esta es... ¡el hombre!

El concepto de naturaleza, como algo opuesto radicalmente al artificio y a la industria humana, es una invención tardía de la Escolástica. Aunque se puede rastrear su raíz en los pensamientos platónico y peripatético.

La categoría de Género es ciertamente "deconstruible" en su oposición al "Sexo", entendido como algo dado de modo "natural".

Se puede mostrar filosóficamente que la oposición naturaleza/cultura ya es, de parte a parte, como diría Derrida, un hecho de cultura y de discurso.

Spinoza hablaba de una diferencia entre Natura Naturata, considerada como producto y explicatio, como algo constituido, y Natura Naturans, concebida como instancia constituyente que transgrede todas las oposiciones metafísicas -incluida la misma oposición de la que forma parte, hasta conducir a una suerte de complicatio indecidible...

Volviendo al "tema vivo" que nos ocupa, después de esta digresión que pretendemos esclarecedora, se hace preciso señalar que, no obstante su relación estructural profunda con la tradición metafísica a la que intenta escapar, la categoría postmoderna de Género, en su apuesta política y filosófica, se propone atravesar por lo menos la oposición privado/público. Ella se propone superar el encierro y el silenciamiento político de la violencia asociada a la diferencia sexual clausurada en el ámbito del domus (casa, hogar).

Por otra parte, el uso del ambigüo sintagma "violencia sexual", puede confundirse con otra categoría menos amplia, aunque pueda ser expresión de la violencia de género: la violación sexual. ¿Dónde están los especialistas que asesoran a los académicos?...

En cuanto a la llamada "redundancia de género" en el sentido de género gramatical, -por ejemplo: diputados y diputadas, escritores y escritoras, niños y niñas, muertos y muertas, etc.- me parece que lo "correcto" y funcional es apelar, por principio de economía lingüística, al universal masculino.

Es exacto suponer que, pensando en términos estrictamente gramaticales, no existe en las lenguas -por necesidad lógica intrínseca-, un lazo esencial, "natural", entre sexo y género gramatical. En este punto estoy de acuerdo con lo que establece la "nueva" gramática académica.

Sin embargo, estar de acuerdo con la viabilidad y fluidez del sentido en el enunciado, con cierta funcionalidad económica del mismo, no implica que se desconozca -y el aviso contra la renegación perversa (Verleugnung) y el desconocimiento se hace más válido y justificado en el contexto de las lenguas indoeuropeas, con todo lo que Benjamin Whorf percibía en ellas de esencialista y cosificador- la necesidad de cierta "deconstrucción diseminante" de la fórmula universal masculina, al encontrarse ella ligada en su arrastre semántico, inevitable y estructuralmente, a cierto androcentrismo, a la genealogía cultural que Jacques Derrida denomina tradición falogocéntrica.

Decía Jacques Lacan: La mujer no-toda es. Tachaba el "La" de vocación universalizante. -Algo de ellas, las mujeres, escapa a la función fálica.

Como a "la verdad", como a la escritura y su "productividad en marcha", sólo podemos aproximarnos al inaferrable resplandor de la mujer, merodeándolo...

No hay normativa que agote o regule de modo taxativo su "eterna ironía" desestabilizante.

Está comprobado históricamente, medrosos aurigas de la Inquisición letrada: las adorables feministas pondrán a funcionar -seductora, continua, ingeniosa, imprevisible y tenazmente- el machómetro filosófico y ético-lingüístico, para elaborar nuevas micro-máquinas deseantes, nuevas propuestas creativas e insólitas armas escriturales contra los polvorientos Destacamentos Académicos de la Lengua Española.

Así que... ¡Todavía no nos felicitemos, Machos!