miércoles, 11 de abril de 2012

BARRANCA (Ficción urbana total)

"Aquí retorna lo que sólo es una fábula. Aquella del perro narcisista que mirándose reflejado en el agua mansa de un río, se antoja en espejo del trozo de carne que en la boca suspende su compañero cristalino. Conociendo ese final peligroso de la fábula: la corriente del río arrastra la carne del otro… ¡que es la nuestra!, digamos bajo la máscara de un Esopo lacaniano y post-moderno: afirmo el compromiso con el texto en el juego del humor, la pérdida y la herida. Descubro en el reverso del espejo la trama o la escritura del Otro sin clemencia…" A. Almánzar-Botello



Por Armando Almánzar-Botello.


A Georges Bataille, Pierre Klossowski, Jean Genet, Henry Miller y Charles Bukowski In Memoriam

A Pedro Lemebel




Pues mi caso es muy diferente al tuyo, muñeca...

Desde los tiempos en que yo deambulaba por la ciudad noche y día, día y noche —con una mochila llena de libros, fotos pornográficas, una pistola Taurus modificada, dos navajas sevillanas y media docena de calzoncillos sucios—, bebiendo ron malo y cerveza Presidente, comiendo mariscos y ancas de rana podridos en sórdidos, desatinados, costrosos restaurantes chinos de la Avenida Duarte y de la 42 de Cristo Rey (calle próxima al cinturón urbano conocido como El Remate del Culo en la zona del Mercado Nuevo), durmiendo en viejos hoteluchos y pensiones de mala muerte acompañado casi siempre por una lujuriosa y violenta ex-bailarina de 'Bonsoir-Streptease' (mujer que hoy vive en el Bronx de New York y que saqué hace poco de mi lista de amigos en Facebook por su hipocresía barata), desde esa época aprendí, mi nena, que lo sublime se manifiesta de dos modos: lo sublime ascensional-catártico (limpio) y lo sublime-vertiginoso-abyecto (sucio)... ¡el que más me gusta, por cierto!

Otra nueva mujer que apareció para ese entonces en mi vida como traída por las aguas cloacales de la bañera de un monseñor catedralicio, lamentablemente no encuadró, para mi hermenéutica callejera, en ninguna de estas dos categorías.

Era ella demasiado 'gordo-hipopótama' para volar y demasiado 'etéreo-angelical' para ser la cerda, la puerca, la cochina, la marrana que a mí me gustaba para hacer el 'enamorodiamiento' perverso-erótico que todavía me provoca y endiabla en mi calidad de Puerco/a Satánico/a Mayor... No olvides mi antigua formación religiosa...

Abandoné un día a esa otra mujer en el frente de un viejo burdel, diciéndole que iba a mear al baño del establecimiento, y me escapé cautelosamente por la puerta trasera del negocio... No volví a verla jamás.

Pero una de esas noches rojizas bajaba yo de muy mal humor solitario —como una legión de demonios en noche oscura metida en un solo cuerpo bullente de soplidos, de olores azufrados y con la pesada mochila de sus culpas al hombro—, por una de las calles más asquerosas e innombrables de la ciudad maldita, cuando de improviso, un hombre de aspecto misticón-erótico (de pestañas firmes y nítidas como palotes dibujados por un niño en los ojos de un monigote, pestañas en cada uno de cuyos pelos bien hubiese podido posarse a cantar una alondra), un sigiloso individuo de aire neurasténico y nervioso con no más de 35 o 40 años, me llamó, casi susurrando, con un dulce tono seductor, y me dijo: — Oye, mi jevo bello, ¿me puedes escuchar un momentito, por fa... — 
y que patatín que patatán... 

¡Bueh!, pues para no cansarte con la historia, mi nena, esa conversación teológico-mística susurrada entre los arbustos de una vieja construcción en ruinas que se encontraba no lejos del lugar de nuestro fortuito encuentro, desembocó en mi primera relación amorosa con un hombre.

Y fue tan pura, plena y hermosa esa relación erótico-espiritual, que me fui con él desde el hotelucho donde pernoctamos esa noche hasta el sacro convento donde vivía mi apasionado 'frailecillo'.

Allí, ante el escepticismo y el estupor de la ralea que constituían mis aparentes amigos, en pocos meses me despojé del ruido del mundo y tomé los hábitos de los monjes carmelitas descalzos... sólo por amor, sólo por amor, sólo por amor...

Total, que mucho duraron los milagros: a los dos años justos de formal convivencia monástica me sentí tan aprisionado por los rituales del convento y por el constante mal aliento de mi confesor, que me escapé de noche por una ventana y, retornando a la vida urbana tenebrosa de la que yo procedía —¡oh mi noche oscura del alma!—, me dediqué a la administración de un negocio de putas que, como sabes, respondía al nombre de LUNA LITE.

Demás está decirte que adopté el apodo de Barranca, con el que me conoces desde hace siete años en este próspero negocio que dirijo...

Por cierto, muñeca, ya es hora de que te vayas a ofrecer tus servicios carnales a los muchachos del ‘Salón de los Universitarios’, porque yo voy ahora a maquillarme y a cambiarme de ropa para mi despampanante show de transexuales.

Y no lo olvides, mi reina: ¡mística la noche es una tómbola!




Barranca.
Ex-Fray Juriel de La Calavera

© Armando Almánzar Botello
Santo Domingo, República Dominicana.

3 comentarios:

María Rodríguez Rancier dijo...

Fué un verdadero placer seguir la descarada estela que deja tu ameno, fascinante y singular relato... salpicado de ironía, dolor y humor en perfectas dosis. Demuestras tu elevado conocimiento de nuestro idioma, en el acertado y magistral uso de un lenguaje ordinario y rústico de nivel marginal, conservando la elegancia narrativa que caracteriza tu obra. Te felicito, mi querido Armando...un beso.

irina maribel dijo...

Cierro los ojos y puedo ver a Barranca. Es un personaje bien logrado en su indeterminación: (im)puro, mixto, ambiguo en todas sus facetas religiosas, psicológicas y carnales. "Místico" mundano y transgénero metido finalmente a los negocios. ...Expresión de una compleja realidad psico-social que nos acosa, nos reta y nos llama a la reflexión en su central marginalidad...¡Maravilloso relato! Percibo aquí las huellas de tus referentes textuales, pero en clave local, tropicalizada. Armando querido, me convences no sólo como poeta sino también como narrador. Un beso ♥ ∞...

Elizabeth Quezada dijo...

se nos revela en este texto, y otros también, como un escritor de calidad no sólo poética sino como un riguroso narrador de una sociedad fértil en sucesos análogos... crítica a la sociedad que está ahí, a la vuelta de la esquina de cualquier barrio. Este texto es lúdico y realista...crudo y bien hecho. Muestra su casta, su "savoir faire" al narrar desde las deyecciones más insólitas hasta lo absurdo y/o poético. Well done!!!